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17/6/08

Jesús también estuvo allí

En mi primera expedición mi cuidadora se llamaba Victoria, en la segunda estuve con la señorita Teresa- dos hermanas llamadas "Culebra" de apellido-, la tercera vez fue con la señorita Rosario, de esa época es la fotografía, quizás la que mejor se portó conmigo dentro de la durísima disciplina. 
Del cura aprendí la letanía en latín para no estar sentado en el suelo todo lo que duraba el rosario. Lo rezábamos todas las tardes después de la siesta, recuerdo que había un grupo de chicos que llevaban el pantalón color azul por ser catalanes, creo. Nos castigaban a veces sin “paquete”, las golosinas que mandaban- a algunos- sus padres (caramelos, chocolate y alguna otra chuchería).
Yo y otros compañeros nos escapábamos a la hora de la siesta y nos colábamos por la ventana del cuarto donde se guardaba y donde dormía la señorita, para comérnoslo. A veces nos la jugábamos saliendo a beber agua en las fuentes del pabellón central, en los dormitorios la teníamos cortada y la de los grifos era salada. La segunda vez que fui intenté escaparme con otro chico pero esa noche cuando estábamos cerca de la vía del tren para ir hacia Tarragona, unos perros empezaron a ladrar y salimos corriendo de nuevo hacia el pabellón, nuestra huida quedó frustrada. Recuerdo las canciones que cantábamos cuando íbamos de paseo y nos encontrábamos con otros chicos mas novatos les decíamos: "vete puro nova, vete puro nova".
Me alegra poder volver a recordar aquellos años de una infancia que otros niños ojalá no tengan que pasar. "Perdonamos pero no olvidamos".


Un saludo. Jesús

Otro que estuvo en La Sabinosa


Foto: Izquierda Jesús, derecha Luís M.
 
Hola compañeros, me llamo Jesús, tengo 59 años y soy de Madrid. Estuve en tres ocasiones en el Preventorio Nacional Antituberculoso, que es como se llamaba. El trato que recibíamos- visto en la actualidad- sería para denunciarles por malos tratos, se salvarían muy pocos de los que participaron en nuestro cuidado.
La primera vez que fui tenía 8 años, nos llevaron desde Plaza de España en autocares a la estación de Atocha, cargados con una talega de tela con la ropa interior. Salimos en tren por la noche. Éramos en cada departamento el doble de las plazas disponibles, dormíamos en el suelo, incluso en cima de la puerta, en un hueco para maletas. En Zaragoza se hacía el cambio de máquina eléctrica por una de vapor, a la llegada nos trasladaron en autocares a la que sería nuestra casa, y nuestra primera mili, durante tres meses. Al llegar nos entregaban un uniforme que no era igual para todos:
Consistía en un pantalón corto color gris, camisa caqui, zapatillas de tela con suela de goma y cordones para atar en los tobillos, calzoncillos con botón y bañador con tirantes (de los años 20). Por las mañanas nos hacían lavarnos desnudos, a grifo abierto, con jabón lagarto y estropajo, después salíamos a desayunar. Luego, de paseo, siempre formados en dos filas. Para jugar siempre teníamos que estar sentados, no podíamos estar de pie. Cuando nos castigaban era siempre sentados, con la cabeza entre las piernas.
La comida era espantosa y sólo nos daban para beber un vaso de agua en la comida y otro en la cena. Dormíamos la siesta cada día y, quien tenia que ir al aseo, podía hacer sus necesidades pero sólo una vez al día, si ibas por la tarde no podías volver por la noche. Dormíamos mirando al fondo del dormitorio y quién se daba la vuelta, aunque fuese durmiendo, era castigado amén de recibir un tortazo o un golpe con la pala de madera por ¿mal comportamiento?
Alguna vez nos llevaban a la playa a bañarnos, recuerdo que dejábamos el baby sobre las rocas y, descalzos, bajábamos hasta la arena. Cuando llegaba el instructor- un hombre altísimo-, nos formaban y se metían primero las señoritas formando una barrera y luego, a toque de silbato, entrábamos nosotros hasta que el agua nos llegaba a la cintura. Nos dejaban aproximadamente diez minutos, luego otro toque de silbato y… fuera del agua.
Tras la siesta, todas las tardes teníamos que rezar el rosario. Algunos días escribíamos a nuestros padres, las cartas eran leídas por las cuidadoras antes de enviarlas y si ponías algo que no les gustase las rompían. Por mi corta edad me tocó llorar mucho, creo que aquellas personas que nos mal cuidaban, en estos tiempos serían catalogadas como maltratadoras, (éramos hijos de los perdedores) y además pobres. Hay para escribir un libro, no exagero.
¡Saludos para todos los que pasamos por allí!

10/6/08

Fútbol en Arturo Soria


Equipo de fútbol infantil por la zona Alto de los Leones, frente a los estudios CEA, en la intersección de Arturo Soria y la Carretera al Aeropuerto (Madrid). Me gustaría que si alguien de los que componían este equipo ve la fotografía se ponga en contacto conmigo a través de esta página. (José Mª).

5/6/08

Con retraso


Texto y foto remitidas por Joan, de Valencia, por un extraño error de la web no estaba visible a pesar de haber sido colgada en Octubre.
Recuerdo perfectamente la playa de la foto, donde nos llevaban a pasear de vez en cuando. La verdad es que no recuerdo mucho, o quizá solo recuerdo lo malo. Te cuento. Era el año 57 a finales de octubre, despues de la riada, yo tenia 9 años y me enviaron a la Sabinosa junto a dos de mis hermanos on la intención de evitarnos "el dia después"(barro, animales muertos, etc). El primer recuerdo: ducha colectiva con agua fria, todos en cueros y tiritando, eramos crios entre 6 y 16 años, corte de pelo a lo marcelino, dormitorio colectivo de 30 o 40 camas tipo nave industrial. Mi hermano pequeño (6 años) se meaba en la cama algunas veces, por lo que era reprendido severamente con gritos y cachetes. Mi hermano intentaba defenderlo, pero no teniamos mas remedio que callar y tragarnos la rabia que sentiamos hacia aquellas "cuidadoras". En especial recuerdo a una que era una mala bestia (fornida, grande, pelo recogido con topo. De la comida no recuerdo mucho. Supongo que como era una epoca de hambruna lo importante era llenar el buche. Los demas recuerdos son mas difusos: mandarnos a formar por la visita de algun capitoste, los partidos en el campo de futbol, los paseos por la playa...Al cabo de un mes aprox. vinieron nuestros padres avisitarnos y recuerdo vagamente que aquello no les gusto.No se si en ese mismo viaje nos sacaron de alli o fué a la semana siguiente. Adjunto foto del grupo que fuimos en ese turno, espero que alguien se identifique en ella.
Un saludo de Joan
.

4/6/08

Nueva foto (1966)


Foto cedida por José A. Obtenida en La Sabinosa en 1.966.

Muchas cosas habían cambia en diez años (1956-1966), sin embargo el aspecto que teníamos de niños mal vestidos, tercermundistas casi, mal alimentados y sufriendo la afrenta del dichoso mechón de pelo sobre la frente, cual indios de la tribu de los Iroqueses, eso no había cambiado.

Un nuevo compañero


Hola me llamo José A., tengo 50 años, y yo también estuve en la Sabinosa, en el año 1966. Estuve 6 meses y pasé las navidades allí.
Recuerdo que en la estación de Atocha (Madrid) había mucha gente y el tren tenia los asientos de madera. El viaje fue muy incómodo y largo. 

Una vez en el Preventorio nos llevaron al ropero y nos repartieron parte de la ropa, puesto que la ropa interior la llevábamos de casa, con nuestras iniciales.
Nos vacunaron, y esa fue una de las imágenes que me marcó más, nos vacunaban con una especie de pluma y nos hacían mucho daño. Había mucha disciplina aunque recuerdo que la señorita que teníamos asignada era muy cariñosa. 

Nos llevaban a la playa, a Tarragona, al campo de fútbol del Tarragona y a los toros, aunque a los toros yo no pude ir porque no había abrigo de mi talla. El café del desayuno era malísimo, todos los niños cuando escribíamos a nuestras familias les pedíamos que nos enviasen en un paquete cola-cao para mezclarlo con el café.
El comedor lo recuerdo con muchos niños y unos ventanales muy grandes por donde veíamos pasar los barcos. Mi estancia allí me pareció muy sombría. Los comentarios, en su mayoría, no son muy favorables. Los niños de la clase trabajadora hemos sufrido esos maltratos físicos y psíquicos hasta la llegada de la democracia.
Os envío un saludo y 2 fotos que conservo de aquel viaje.
José A./

2/6/08

Soy Pedro... (II)

Una vez en el Preventorio fuimos asignado en grupos de treinta, más o menos, a las distintas cuidadoras (malvadas solteronas, crueles y maltratadoras), a la mayoría ya las conocíamos del viaje desde Madrid.
Pasamos por el almacén donde nos entregaron el uniforme consistente en un pantalón gris con peto, camisa caquí de verano, jersey gris y la capa para días lluviosos o invernales. 

El uniforme era algo distinto según fuese invierno o verano. Una vez disfrazados parecíamos todos soldados en miniatura. Previamente pasamos por las asquerosas manos del “Cicuta”, un vejete famélico, sucio y maloliente que nos colocaba formando cola bajo la escalera pegados a la pared y, mientras nos rapaba la cabeza al cero- excepto el ridículo penacho sobre la frente- nos sobaba de forma más o menos evidente, arriesgándose a una denuncia de los chavales que, por ignorancia o e temor a no ser creídos, callábamos.
Otro paso obligado era la enfermería, la señorita enfermera (creo que se llamaba Toñi) nos aplicaba todas las vacunas habidas y por haber. De una de ellas, la que hacían con una plumilla tengo, como todos los demás, un par de cicatrices imborrables en el brazo.

29/5/08

Soy Pedro, y también estuve allí.

Hola, chicos del “Preven”, soy Pedro, yo también estuve allí. Ante todo gracias a Scila por darnos la oportunidad, al crear esta página, de expresar y difundir nuestros recuerdos sobre malos tratos físicos y las vejaciones por las que pasamos cuantos estuvimos allí y que, durante tantos años, hemos callado.
La existencia de esta página nos permitirá conocernos y dejar en ella los recuerdos de nuestro paso por aquel lugar- hermoso lugar- y al tiempo tan horroroso. Yo estuve en cuatro ocasiones y en dos de ellas me forzaron a repetir con el pretexto de no haber dado el aumento de peso necesario (si lo llego a saber habría engordado).
Nuestros padres nos mandaban allí, sin saber los pobres a dónde nos mandaban, pensarían que aquello era el paraíso: Sol, Mar, Playa y Montaña, algo que en aquella época ellos no podían darnos.
Tengo 59 años y comencé a ir al Preventorio con 6 años (1955). El infierno comenzaba en las pruebas que nos hacían en el Dispensario de la calle Andrés Mellado, en Madrid. Al poco tiempo nos llamaban y teníamos que presentarnos en la estación de Atocha, recuerdo con qué alegría nos despedíamos de padres y hermanos creyendo que íbamos al paraíso. 

Nada más subir al tren aparecían las señoritas, con togas blancas, batas azules y delantal blanco con peto y tirantes. Bordada llevaban una cruz de dos brazos en rojo (la cruz de Lorena o Caravaca). De entrada nos impedían asomarnos a despedirnos de la familia. Ya en marcha desaparecieron las sonrisas y los modos corteses. Comenzaron a sonar las primeras bofetadas, insultos, pitidos con los silbatos y las primeras vejaciones delante del resto de compañeros.
(continuará)

18/5/08

Encuentro





Por fin tuvo lugar el primer encuentro de ex sabinosos, alguno no pudo llegar pero al menos dos estuvieron en el aplec.
Scila y Juan A., en la Ciudad de las Ciencias. Valencia.

Van llegando






Tenemos un nuevo contacto, Pedro A., procedente de Madrid y que, según cree, estuvo en varias ocasiones en el Preventorio. 
Proximamente contaremos con sus recuerdos escritos y fotografías de su estancia en la Sabinosa, si localiza esas fotos de archivo que tanto nos agrada encontrar cincuenta años mas tarde. Confiamos que no sea el útimo, que poco a poco vayan apareciendo más ex sabinosos, fuimos miles.

22/4/08

La Singer

 

Nuestro compañero, Juan A., nos ha obsequiado con la imagen de otra de sus obras en hierro. En esta ocasión la escultura parte de un clásico de toda la vida, la máquina de coser Singer, habitual en la mayoría de las casas del siglo pasado, de las casas que se lo podían permitir. 
Su contemplación nos remite directamente a la infancia, a nuestras madres y abuelas pedaleando en la Singer. Juan logra con esta obra recuperar de nuestra historia reciente un objeto entrañable covirtiéndolo en arte. La nostalgia es inevitable.
Desconocemos el precio de la obra y si está en venta, pero si alguien está interesado podemos ponerle en contacto con el artista.



Scila/.

4/4/08

La nave rota

La misma escultura vista desde otro ángulo.

Nuestro compañero, Juan A., nos envia una fotografía de una de sus esculturas, la denominada "Proa", que representa la proa de una embarcación rota, partida por el naufragio. El material más usado en sus trabajos es el hierro, en muchos casos reciclado. Todo un artista.

Scila/

25/3/08

Nuevo testimonio

Es tremendo el testimonio aportado por Ricardo sobre su estancia y sus recuerdos de La Sabinosa. Sería interesante recibir el de sus hermanos, seguramente al ser mayores serán más ámplios y documentados.

Scila/

14/3/08

Yo estuve, dos veces, en La Sabinosa.


La Sabinosa. 1959 . Foto remitida por Ricardo.


He estado en dos ocasiones en las 'colonias' La sabinosa de Tarragona. La primera vez creo recordar en 1.959. La segunda vez fuí con mis tres hermanos y un primo en el año 1.963. Eramos 9 hermanos y por la época que nos ocupa, era habitual ir a esos lugares de “veraneo” entre comillas, en realidad una estancia plena de crueldades, abusos de las tutoras-cuidadoras, de hambre, de pena y de tristeza que jamás un niño que haya estado en ese lugar podrá olvidar. Intentaré narrar lo vivido en ese lugar que jamás debería haber ido. En el año 1.958 o 1.959. estaba en un colegio de monjas del barrio de Carabanchel Bajo, (Colegio de San Roque) y allí les informaron a mis padres de la oferta de vacaciones en La Sabinosa de Tarragona. Recuerdo que mi madre me llevó a un reconocimiento médico en Valle Hermoso, Madrid, para cumplir los requisitos requeridos. Le informaron que la ropa debçia llevar bordadas las iniciales, así cómo sobres de cartas con los datos de mi domicilio, (tenía poca edad y no sabía escribir). Salimos un dçia por la noche de la estación de Atocha, Madrid. Recuerdo al detalle, que la máquina era de carbón. Un vez llegamos a la estación de destino, un autocar nos esperaba en las inmediaciones del lugar y de allí nos trasladaron al recinto de La Sabinosa. Entramos por una puerta de hierro con las siglas de la cruz de 'caravaca' en color rojo, la puerta daba a la playa de la derecha del recinto. La puerta siempre estaba cerrada, sólo se abría cuando entraba el director y el panadero. Mi pabellón estaba junto a las vías del tren, orientado en dirección a Barcelona y el pabellón del frente, estaba orientado a Madrid. Creo recordar que, las mismas cuidadoras que nos acompañaron en el viaje del tren, se quedaron en el lugar para ejercer las labores de vigilancia y cuidados. Ese día nos llevaron al pabellón, con dos filas de camas y zona de duchas y lavabos. En el pié de la cama habia una mesita dónde se ponía nuestra ropa y otros objetos. Las colchas eran de color y tenía bordada una cruz de caravaca de color rojo.
Intentaré resumir. Tenía 4 o 5 años y por consiguiente no sabía leer ni escribir. Me orinaba en la cama de noche y ese era mi mayor preocupacion ante la circunstancia de estar fuera de mi domicilio. Al día siguiente por la mañana, una cuidadora se dio cuenta que me había orinado en la cama y me echó una reprimenda con capones incluidos, provocando mis lágrimas ante lo sucedido. La siguiente madrugada, una cuidadora del pabellón me despertó y observaba si me había orinado, en efecto me había orinado y la cuidadora me levantó con malos modos y llorando me puso en la mitad del pasillo, con los brazos en cruz y de rodillas con varios libros en las palmas de las manos. Ella estaba muy próxima a mí y cada vez que bajaba los brazos por cansancio, me atizaba pescozones en la cabeza. Ante ese trato, lloraba amargamente, recordaba a mis padres y hermanos y no me creía lo que me estaba pasando. Ella insistía en que no llorara con gritos de:
¡No llores más, meónnnnnn! Todo esto de madrugada. Asi era todos los días, hasta terminar mi estancia de los tres meses de "vacaciones" en la playa.
Scila, creo que soy uno niños de la foto, (el de la parte delantera, sentados con las piernas cruzadas el tercero por la izquierda). Recuerdo que por las noches nos obligaban a dormir con la cabeza tapada entre las mantas y pobre del que fuera sorprendido sin estar en esa posición. Al principio de acostarnos la cuidadora daba vueltas por el pasillo para intimidar a los niños mientras se dormían, pero mi temor a que fuera levantado de madrugada por el mero hecho de orinarme, me obligaba a llorar, hasta caer rendido de sueño, sólo pensaba en mis padres y hermanos. También recuerdo que cuando pasaba los trenes en cualquier dirección a Madrid o Barcelona, temblaba todo el pabellón. La vestimenta de mi primera estancia es la misma que la de la fotografía que está en la web que puso 'scila', recuerdo las alpargatas blancas con unos lazos para sujetar en las piernas. También recuerdo el hambre que pasé en ese lugar que jamás podré olvidar. Nos daban unas lentejas con más piedras que lentejas. En el comedor había unas columnas de hierro muy antiguas y las mesas eran grandes y alargadas, ponían una jarra de agua para todos los de la mesa. También recuerdo las veces que nos ponían sémola. De recordar sobre el hambre que pasé, llegué a comer la pasta de dientes, las cáscaras de las naranjas y algunos cebollinos que estaban en un paso subterráneo de la vías del tren en la playa de la izquierda de las colonias. También recuerdo que, cuando tocaba escribir las cartas a nuestros padres, me la escribía otro niño mayor que yo y las mismas debían de entregarse abiertas, para que las cuidadoras las leyeran y si observaban que habías puesto algo relacionado a lo que nos hacían, las rompían sin contemplaciones. También corroboro lo que dice Scila, nos llevaron a la playa en dos ocasiones y nada de baño a la carta. En la arena había muchísimas conchas que para los que no habíamos visto la playa y el mar, era todo un acontecimiento. Recuerdo a un niño que al parecer residia de forma permanente en ese lugar, creo que le llamaban 'Berrinche'. También recuerdo a la cuidadora que mandaba a las demás. Era muy alta, con pelo rubio, cara grande y con algunas bolsas en los ojos. Lo mismo recuerdo al Director y a su hijo, que tendría 20 o más años, que era el que organizaba los torneos de fútbol y también tonteaba con algunas de las cuidadoras de las colonías, (hoy en día, el hijo del Director del centro, es médico y al parecer según me dijo el guardés del recinto, que era uno de los mejores en su especialidad de Tarragona). 

Se me olvidaba.... en uno de los paseos por el campo, nos llevaron a un lugar dónde había muchísimos algarrobos y los comíamos cómo borregos. También recuerdo que, antes de las comidas o cenas, nos llevaban a un apartado de los pabellones (cerca de la puerta de entrada), para jugar y estar vigilados por la cuidadora del pabellón. Por otro lado, el corte de pelo que nos hacían, (rapados y con un mechón por la parte delantera) era por si tratábamos de escaparnos y ser reconocidos rápidamente por la guardia civil. 
Muchos niños según contaban, se habían escapado y me imagino lo que les esperaba. Otros niños que estaban antes que nosotros, nos cantaban cuando íbamos formados, esta canción: “Novato del pré, Novato del pré, dentro de diez días nos vamos pá la vía”, y así sucesivamente, hasta el último día que decían: “Un día pá la vía, un día pá la vía”. Eso se lo hacían a todos los niños, cuando se aproximaba el día de regreso a nuestras casas. Oír esa canción de los niños que se iban, era ponerse triste y pensar cuando llegaría ese momento. Todos deseábamos irnos de ese lugar terrorífico, pero había que estar al menos 3 meses.
Tengo muchísimas anécdotas que contar en mi estancia sólo, y con mis hermanos años después. Hace 4 años, fuí con uno de mis hermanos a ver y si aún existia. Efectivamente existe y la impresión que me produjo fue la de un campo de exterminio nazi. Fuimos rodeando el lugar por completo, era las 07'00 de la mañana cuando llegamos al lugar y de chiripa, nadie sabía de ese lugar y por deducción de lo que era, (lindando al mar entre dos playas y por una parte las vías del tren). Hablamos con el vigilante que reside dentro, y nos dijo que teníamos que solicitar por escrito a la Diputación de Tarragona permiso para acceder. 

Lo hicimos cómo nos indicó, en la misma diputación nos significaron que ya nos comunicarían a nuestro domicilio la autorización pertinente para entrar, hasta el día de la fecha no he recibido contestación.
Volvimos a ver a guardés y le dijimos lo que nos habían dicho desde la Diputación y le rogamos que por favor nos dejara entrar, que veniamos desde Alicante sólo para este asunto, él nos negaba la entrada sin permiso. Cómo somos policías nacionales nos identificamos al guardés y, por fin, nos dijo: “Entrad, pero tener cuidado con las instalaciones, estan en estado de ruina”. Nos dijo que no se podían hacer fotografías, pero hicimos más de 100 del recinto, alguna de ellas les enviaré. Nada más que exponer sobre este asunto, espero seguir comentando más sobre mi estancia y la de mis hermanos. Sin otro particular se despide de todos vosotros otro niño que ha padecido lo que muchísimos otros niños.


Ricardo/

26/2/08

La búqueda continúa

Seguimos esperando la visita de otros compañeros, víctimas inocentes de las cuidadoras de La Sabinosa. Hay quien dice, y con razón, que no todas serían tan sádicas y crueles con los críos. También opino que alguna habría buena, se comportaría seguramente con más humanidad. Seguramente alguna sería madre o esperaría serlo algún día y, ver cómo trataban sus compañeras a los chicos, le produciría un lógico rechazo, pero como la generalidad era la que era... y jamás escuché a una cuidadora enfrentarse a una compañera por la forma de castigar, de agredir, a los niños puestos a su cuidado.
A pesar de los pesares es seguro que hubo momentos felices, que con ocho o diez años las tragedias no durán más que unos minutos. Éramos capaces de jugar con cualquier cosa y a cualquier hora, en cualquier situación. Éramos críos de posguerra, curtidos, habituados a pasarlo mal, a recibir agresiones de todos: de la familia, de los chicos del barrio, de los maestros si alguno iba a escuela... todo el mundo volcaba la ira, la frustración, la mala baba, en los críos, casi inocentes.

Scila/

11/2/08

Más fotos


El preventorio visto desde la playa La Rabassada, cerca de Punta la mora.

Foto remitida por:  José M. Rubio.